domingo, 16 de septiembre de 2012

Let it be.

 Me pregunto a qué edad deja uno de disfrutar de sus pensamientos. Sé que eso ocurre, porque las personas no callan nunca. No pueden escuchar sus pensamientos, porque siempre están hablando, o mirando la televisión, y lo primero que hacen cuando se suben al coche es poner la radio. Parece como si no les gustara estar a solas. Siempre quieren estar con otra gente. Quieren ir a una reunión, al cine, a un baile o a ver un partido. En cambio a mi, me gustaría cubrirlo todo con un manto de silencio, al menos un ratito, para prestar atención a mis pensamientos. Me pregunto si es posible estar despierta sin que me bombardee el ruido de otras personas.  
 Los demás te pueden caer bien, pero no es necesario que hables con ellos. 
Te puede gustar observar a los demás, pero no es necesario que expliques a nadie lo que has visto. 
Tiene que gustarte estar a solas, para pensar tranquilamente. 
Puedes querer ayudar a los demás, pero sin pasarte, porque es una trampa que acabará contigo. 
Si demuestras demasiadas ganas de ayudar, estás perdido. Te agobiarán con sus ideas, y tienes que disponer de tiempo para pensar en ti mismo. 
Tienes que procurar no llamar la atención y observar a los demás, sin que los demás se fijen en ti. 

A la gente le gusta preocuparse porque sí. 




El libro de Sara. Esther y Jerry Hicks. 

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