sábado, 14 de abril de 2012





Quizás para ti, un cambio del color de pelo no signifique nada más que una llamada en medio de la noche sin respuesta. De esas cosas que se quedan en el olvido y que nadie recuerda. Pero para otras personas puede que sea mucho más. Es esa llamada que nunca te atreviste a hacer, pero que por fin un día tienes el corage de realizar.

Saltas al vacío, sin paracaidas , sabes que esta vez no es como las demás. No hay nadie esperandote para curarte las heridas y darte un abrazo. Pero en un lugar de tu corazón sabes que los cambios son buenos. Puede que tras el salto caigas al mar y el te aguarde entre sus olas como ese abrazo que nadie te dio.

Porque a veces nos sobran las palabras y creemos que tiempos pasados fueron mejores. Pero lo cierto es que estamos completamente en lo incierto. Los únicos momentos buenos son los del presente, intensos, con fuerza, preparados para el cambio.

Algo de lo que todos tienen miedo , pero que muy pocos se atreven a experimentar. Miedo de que ese color de pelo no te favorezca o de que nadie conteste a tu llamada y te sientas solo. Pero el problema es que quizá el color de pelo que tienes ahora tampoco te favorece o que estás más solo de lo que piensas.

Por eso adoro los cambios. Son inmensamente impredecibles. Y esa es la emoción de la vida. Elegir un paquete en una montaña de regalos y sorprenderte con lo que puedas encontrar. Pero el truco está en no esperar nada. No esperes que ese paquetito pequeño tenga lo que más estás buscando, porque así llegara la decepción. Y no podrás apreciar lo que has conseguido y que la mayoría de las veces es mejor de lo que esperabas.

En eso se basan los cambios, no esperes nada de ellos, pero disfruta al maximo sus sorpresas.
Tiñete el pelo del primer color que se te pase por la cabeza y no te arrepientas. Los cambios son necesarios y gratificantes cuando son elección nuestra.