Pero al final de la historia, justo cuando piensas que Cabiria se va a quedar sola e infeliz para siempre. Ella sonríe. Nos mira y sonríe. Es como si quisiera decirnos que no importa cuántas veces te has caido , ni cuantas veces te han herido, nunca debes perder la esperanza. Hay que sonreír simplemente por que la vida continúa.
Qué pena de las palabras que se callaron, y aquellas que, pronunciadas, están perdidas. . .
Qué pena de algunos besos que no se han dado
y aquellos labios dispuestos, pero a escondidas . . .
Qué pena de los amantes que se dejaron, sin darse siquiera un beso de despedida. . .

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