
Queremos conseguirlo todo, ser los mejores, concoer a las personas más buenas, tener el mejor puesto de trabajo, matricula de honor, la pareja ideal,... Pero todo esto es imposible si no nos marcamos un destino final, un objetivo al que queremos llegar con todo lo que hay en su camino.
Sin ese objetivo identificado dificilmente sabremos escoger a las mejores personas con las que queremos llegar a el. A lo largo de los años mucha gente entrará en nuestras vidas y somos nosotros los que tenemos la varita magica para elegir quien se queda y quien se va. Pero si no tenemos un objetivo al que dirigirnos, dificilmente sabremos si hemos dejado escapar al que habria sido nuestro compañero ideal en la busqueda de esa felicidad personal, o si por el contrario, estamos caminando por el camino erroneo conducidos por alguien que creíamos que era indispensable en nuestras vidas.
Pero para conocer nuestro objetivo, tenemos que hacer un alto en el camino, pararnos a pensar que queremos. Porque a veces es mejor pararse y retroceder que seguir caminando por un camino que jamás nos llevará a ningún sitio.
La gente tenemos miedo, miedo de que al retroceder perdamos el tiempo, pero ¿de que sirve continuar esforzandonos si nisiquiera sabemos si estamos en el camino correcto?

Corremos por un camino jamás cuestionado, nos apresuramos en llegar los primeros, pero no sabemos a dónde vamos, simplememente corremos para ganar, pero en esa carrera a ninguna parte puede que seamos nosotros los que acabemos perdidos.
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